10 de octubre de 2008.
Para no variar, llego corriendo, exactamente a las 5 de la tarde cruzo la puerta del salón, con el corazón agitado y pendiente del reloj. Empiezo a mirar. Encuentro rostros familiares, otros completamente nuevos. La excitación va creciendo poco a poco. Y después de unos minutos decidimos empezar con el taller.
Muchas y muy variadas expectativas. El temor de siempre: ser evaluados, no hacer un buen trabajo, no saber qué hacer, no hacer buenas hipótesis, no distinguir entre el proceso y el contenido.
Y ahí estoy, frente a un grupo que espera mucho de mí, y a quien estoy dispuesta a "enseñar". Sus expectativas me emocionan, me motivan, me invitan, me retan.
Y hago un enorme despliegue de habilidades, de recursos, de sugerencias, de teorías. Creo que eso lo hago bien, y lo disfruto tanto. Y con cada sugerencia, teoría o recurso, alimento mi idea de que soy yo quien viene a facilitar el aprendizaje. Qué utopía!
Con cada intervención de alguien me siento invitada a profundizar, a apoyar. Y conforme avanza el tiempo con ellos descubro que mis "alumnos" van encontrando el apoyo y la fuerza suficientes para arriesgarse, para equivocarse, para probar. Y con cada riesgo que se toman me invitan a dar más, a apoyar mucho más esos pasos que dan.
Y es justo ahí cuando empieza el misterio, el enorme misterio a través del cual me convierto en alumna de todas esas personas. Con ellos aprendo de tomar riesgos, aprendo de apoyos, aprendo de disculparse por haber cometido un error, aprendo de aceptar que no sé cómo hacerlo. Con ellos aprendo lo importante de mirarlos, de no perder de vista sus recursos, sus habilidades, sus conocimientos.
Y de nuevo el riesgo. Alguien se atreve a mostarse ante el grupo, a mostrar sus miedos, a mostrar sus errores, Y para que eso suceda, alguien más se atreve a hablar de sí, a prestar su historia y ponerla al servicio del aprendizaje de los demás. Y uno más se atreve a escuchar mi sugerencia, a probar esta locura que le propongo. El es músico y terapeuta en formación. Y le propongo que haga música con lo que mira, con lo que le pasa al mirar a otros. Y lo hace tan bien...
Y entonces se convierte en mi maestro. Me da una gran lección de confianza porque ha tomado en cuenta mi sugerencia y se ha entusiasmado con ella. Recibo una lección de sensiblidad, de estar comprometido con la situación (como el self) y de dejarse empapar por ella. Y me enseña lo importante de mostrarse a otros, de mostrar lo que ha creado por, para y con otros.
Y me enseña a mirar con otros ojos, a traducir lo que se mira en notas musicales, en instrumentos en acción. Me enseña que la terapia también es música. Y más aún, me enseña que la música, y la terapia, también pueden escribirse. He aquí su música traducida en palabras:
"El tambor de notas solitarias que busca la cercanía de su necesidad de melodía.
Tambor de madera robusta, amorosa, vibrante de amor y fuerza.
Tambor que anhela la melodía del silencio.
Tambor que enamora a su compañera de acordes volátiles.
Tambor de guerrero seduciendo a la batalla, guerrero avanzando con la vibración de su corazón... pum pum pum... tocando la nota, dejándose tocar por ella... pum pum... tú y yo somos como la piel melodiosa de un tambor que le canta al universo."
Desde entonces, no ha dejado de ser mi maestro, ese maestro de quien he aprendido sobre posiblidades de despertar la sensibilidad, sobre confianza, sobre la importancia de mirar al otro y hacerle saber que lo miro. He aprendido sobre el poder de la palabra, de la mirada, del silencio, de exponerse y mostrarse.
He aprendido que cuando más dispuesta estoy a enseñar, es cuando más me toca aprender.
Es un honor ser tu alumna, Daniel.
Mario Vargas Llosa (1936-2025)
Hace 11 meses

4 comentarios:
¡¿Cuántas veces no has sido mi maestra?! Siendo alumna, siendo amiga, cerca, lejos... aquí, en este mundo que me ha dado tanto de ti y de muchos.
Me encantó tu relato, gracias :)
Una vez más viene a mi mente la palabra que tanto repetimos en nuestras clases: co-creación, ¿te suena? Aprender y enseñar no puede ser de otra manera, ir y venir, dar y recibir. Por eso me siento tan viva en cada curso, en cada clase o taller. Es transformador y trascendente lo que hacemos, me llena de energía. Me siento muy viva cuando leo tus palabras.
Tu manera de expresar éste encuentro con Daniel me hace sentir la importancia de ver al otro cuando enseño y me despiertas unas ganas muy grandes de ser tu alumna algún día....
Cuándo alguien es capaz de mirar la sabiduría del que viene atrás, del que llega nuevo, del que empieza a descubrir. Cuando alguien es capaz de dejarse sorprender, de aprender de nuevo, de empezar de cero. Cuando alguien se dice y se sabe alumno: empieza a ser maestro. Y cuando un maestro se quita el sombrero, se sienta a mirar y se conmueve tanto que se vuelve alumno, entonces ese es ya un maestro... tu para mi eres maestra de maestros y aprenderte es un privilegio.
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