10 de octubre de 2007

¿Silencio?... ¡IMPOSIBLE!


Es noche, mis párpados están a punto de cerrarse, todavía tengo el pendiente de preparar ropa y actividades de mañana, estoy a punto de pasar de largo, y algo dentro de mí me pide a gritos que encienda la computadora y escriba sobre mi experiencia de esta tarde.
Hoy dos pacientes mías han hecho que "pierda piso", que me cimbre. Una de ellas, entre lágrimas, ha repetido una y otra vez que quiere soltarse y sentirse amada. Otra de ellas me ha contado la historia de dos niños que han perdido a toda su famila en los últimos años. Aparentemente historias diferentes, pero en el fondo, tienen algo en común: me han sacudido el alma.
Y decido escribir sobre estas historias no por el simple hecho de contarlas, sino porque necesito escribir sobre todo lo que me ha sucedido a mí al escucharlas.
Necesito alzar la voz y decir que, a veces, mi profesión me rebasa, a veces quisiera cerrar los oídos al dolor de los otros, a mi propio dolor.
Necesito decir que el dolor de los otros me duele, que no puedo permanecer indiferente, inmóvil, intacta.
Necesito decir que cada uno de mis pacientes, con cada una de sus historias, con cada una de sus decisiones, me hacen recordar que existe el amor, que existe el desamor, que existe el miedo a ser amado, que existe el anhelo de ser amado, pero que en el fondo, todo tiene que ver con el amor (en cualquiera de sus presentaciones).
Necesito decir que no sé qué me pasó, que no sé qué parte de mi corazón se ha movido al escuchar estas historias.
Necesito decir que esto me mueve, como me mueve cada palabra, cada gesto, cada lágrima, de quien generosamente se sienta frente a mí, y abre su corazón.
Necesito romper mi propio silencio y gritar que amo mi profesion, y que a veces me rebasa, y que a veces me confronta, y que SIEMPRE es una oportunidad para confirmar que estoy donde tengo que estar, con todo lo que eso implique.
Necesito decir que nunca he estado tan segura, como hoy, de que nací para hacer esto.

5 comentarios:

Ingrid dijo...

¡BRAVO! Cualquiera que alce la voz ante la vida se merece una ovación de pie... así es que me pongo de pie y aplaudo.

¡BRAVO! Porque amas tu profesión con todo lo que ésta conlleva, altas y bajas.

¡GRACIAS!

Claire dijo...

Los encuentros y desencuentros con nuestros pacientes nos hacen crecer como terapeutas y comos personas, no cabe duda que se trata de una profesión muy humanista. Me confirmo y reafirmo al leerte.

un otro dijo...

Justo por eso, porque te duele, es que eres terapeuta.

un otro dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
andrewmaster dijo...

No tengo más que decir que me conmueves hasta las lagrimas tu a mi besos